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Por José Luis Pantoja Vallejo - Cronista de Lopera.
Introducción
Rodeada de una alfombra de olivos y enclavada en la parte más noroccidental de la provincia de Jaén, nos encontramos con la villa señorial de Lopera. Un pueblo acogedor de gente sencilla, con unas 4000 almas, que ha sabido guardar celosamente un rico y vasto patrimonio histórico artístico, un legado de sus antepasados que durante siglos estuvieron asentados en estas feroces tierras de la campiña de Andújar, regadas por el Guadalquivir y su afluente el arroyo Salado de Porcuna.
Lopera cuenta con un potencial turístico impresionante sin explotar, además de los monumentales edificios de rancio abolengo que se desparraman por el casco antiguo, también cuenta en el extrarradio de su término municipal con otros edificios que sin duda vale la pena visitar, como por ejemplo son las Casas Cuevas construidas en 1828 en el acceso a Lopera por la carretera de Porcuna, sus cortijos (sobresale el Morrón o San Eloy) y casas de campo y un importante legado de construcciones procedentes de la Guerra Civil Española (Batalla de Lopera librada del 26 al 29 de diciembre de 1936), representados por bunker, nidos de ametralladoras, polvorines, trincheras, observatorios etc. Pero volviendo al casco antiguo y más concretamente en torno a la Plaza Mayor de la villa nos encontramos con una trilogía de edificios que dan a Lopera un carácter genuino. El poder civil representado por el ayuntamiento, un edificio con portada de orden toscano fechado en 1605. El religioso por la iglesia Parroquial de la Inmaculada Concepción (patrona de Lopera desde al año 1623) fechada en el primer cuarto del siglo XVI, la cual alberga en su interior un extraordinario sepulcro renacentista dedicado a Dª Marina Fernández de Torres y su Museo Parroquial y el poder militar representado por el máximo exponente del patrimonio histórico de Lopera: el Castillo Calatravo del siglo XIII.
Además de este rico patrimonio Lopera también atesora un grupo de ermitas de estilo barroco, destacando la de San Roque (patrón de Lopera desde el año 1644), Cristo del Humilladero, Jesús, la Magdalena (hoy destruida) y la moderna de San Isidro. Tampoco hay que olvidar la docena de casas nobiliarias con sus heráldicas y los artistas que ha dado la tierra como el genuino "pintor de Lopera" Paco Cantero, el escultor Pedro Monje, Miguel Acevedo, las jóvenes y ya consolidadas promesas del arte como el pintor Julián Gallego y el polifacético Juan Manuel Pérez, sin olvidarnos del Museo de Arte Naïf de la octogenaria Ángela Uceda, el de miniaturas en madera de Diego Pérez y sobre todo del mejor músico y compositor que ha dado este pueblo, el maestro Pedro Morales Muñoz. Todo ello bien condimentado con un buen cachurro ( pan, aceite virgen extra de oliva, bacalao, rabanillas, aceitunas etc.) un vaso de vino de la tierra de las bodegas Herruzo producirán en el visitante un ambiente agradable y entrañable, que sin duda le inducirán a volver por estas tierras.
La Fortaleza Calatrava de Lopera
El castillo de Lopera es sin duda una de las joyas del medieveo jiennense, por otra parte muy poco conocida, ya que siempre que se ha realizado algún estudio sobre plazas fortificadas de la provincia ha quedado marginada, sin duda, por haber estado siempre en manos privadas y por el hermetismo de sus dueños que nunca han dado facilidades para acceder a su interior a los numerosos investigadores que han intentado realizar algún estudio de su conjunto. Nuestro insigne paisano arjonero, Juan Eslava Galán nos aporta en un estudio sobre el castillo de Lopera, que bien podría tratarse del castillo musulmán de Bayyara, sin embargo los restos actuales no revelan origen musulmán. El Castillo de Lopera fue tomado en 1240 por Fernando III "el Santo", en la lucha que enfrentó a musulmanes y cristianos, el castillo perdió parte de sus defensas, ante lo cual el rey cristiano hizo restaurar y reconstruir las mimas, reconociendo su indudable valor estratégico. Poco después de su toma paso a manos de la Orden Militar de Calatrava. Las luchas entre nobles del siglo XV, también tuvieron su episodio en el Castillo de Lopera. Así en 1466, las tropas del Consejo de Realengo de Andújar, partidarias de la coalición formada por el Rey Enrique IV, el Condestable de Castilla, D. Miguel Lucas de Iranzo y D. Beltrán de la Cueva, dirigidas por su alcalde, D. Pedro de Escavias atacan y saquean el castillo de Lopera con 300 peones y 60 rocines. Lopera era aliada de D. Pedro Pacheco, Marqués de Villena y D. Pedro Girón, Maestre de Calatrava (del mismo se conserva en el Archivo Municipal de Lopera un documento fechado en 1469). En el asalto causaron daños en el adarve y se llevaron muchas joyas y ganados.
Descripción del Castillo
La fortaleza loperana ocupa 3.543 metros cuadrados en pleno centro de la localidad. El núcleo principal del castillo consta de dos compactas torres unidas por gruesos muros, los cuales tendrían función de segundas defensas para casos de asalto, dichas torres se llaman Santa María (mandada construir por el comendador de Lopera y Castilsera, Juan Pacheco y Torres en 1535 y que actualmente alberga el Museo de la guerra Civil) y San Miguel (guarda parte de un palomar medieval). Rodeando ambas torres, con una separación considerable de ellas nos encontramos con la muralla, toda almenada, que a su vez es perímetro del conjunto y su base forma un pentágono irregular con cinco torreones más pequeños que las torres centrales, siendo de formas cilíndricas tres de ellas, pertenecientes a la fachada principal y cuadradas las dos posteriores. La entrada al adarve se hace por arco de medio punto con dovelas y jambas que son fustes de columnas de origen romano. Todo el castillo está construido de mampostería y con mortero de cal.
Los usos de la fortaleza en el siglo XX.
En 1854 el castillo es adquirido por Alonso Valenzuela Bueno tras la desamortización de Pascual Madoz, quien lo dejó en testamento a sus hijos Bartolomé y Pilar Valenzuela Rueda el 19 de agosto de 1886. Tras la muerte de ésta, es Bartolomé Valenzuela quien lo gestiona directamente, hasta que hacia 1942 pasa a manos de su sobrino Alfonso Sotomayor Valenzuela, a pesar de que aquel no muere hasta 1949. En 1987 es heredado por los descendientes de Alfonso Sotomayor.
A lo largo del siglo XX el castillo ha tenido varias utilidades, y más concretamente el Patio de Armas, el cual ha sufrido numerosas modificaciones a lo largo de su historia. Además de caballerizas y custodia de los aperos de labranza, hay que destacar que en los años 20 se utilizó como secadero de tabaco, que se cultivaba en la Vega del Salado, en sus variedades de carasqueño y habanos. El primer cine sonoro de Lopera, el Cine Olimpia, funcionó en el Patio de Armas del Castillo, aunque lamentablemente tuvo una corta duración en el tiempo. Fue en el verano de 1932 cuando José Martínez Alcalá quien inició las primeras proyecciones de cine, que alternó con espectáculos de flamenco y con algunas representaciones teatrales. Posteriormente, en 1935 se estableció en el mismo lugar anterior el Cine Malori, que llegó a Lopera de la mano de Manuel López Rincón. También fue un cine sonoro y estuvo en funcionamiento todos los veranos hasta la llegada de la guerra civil. De igual forma, durante los veranos de 1942 y 1946 se proyecta cine en el patio del castillo. En esta ocasión se denomina Salón Recreo y es propiedad de Juan Antonio Rueda. Bajo la dirección de la polifacética Elisa Alcalá Marín en el año 1946 es para nuestro castillo su estreno como foro teatral. El Patio de armas es el lugar elegido para tal evento por el Grupo Artístico de Lopera. Aquí se representan dos obras teatrales: el 1, 4 y 22 de agosto y el 1 de septiembre la comedia lírica "Luisa Fernanda", obra de F. Romero y Fernández Shaw con música de Moreno Torroba; el 8 de septiembre la comedia en tres actos de los hermanos Álvarez Quintero "El Centenario". El grupo teatral lo componían un conjunto de loperanos autodidactas que por aquellos tiempos se había dado al cultivo del arte escénico.
La obra "Luisa Fernanda" contó con el siguiente reparto:
· Luisa Fernanda: Teresita Rueda.
· Carolina: Luisa Muñoz.
· Mariana y Rosita: Anita Velasco.
· La Chunera: Margarita Velasco.
· Una criada: Carmen Cantero.
· Una vecina: Anita Bellido.
· Vidal Hernando: Juanito Rueda.
· Javier Moreno: Carlos Barberán.
· Aníbal: Antonio Melero.
· Don Florido: José García.
· Nogales: Eufrasio Barberán.
· Bizco Porras: Francisco Gómez de Ramón.
· Jeromo: Mérida.
· El Saboyano: Gómez.
· Don Lucas: Francisco Lara.
· Damiselas: Concepción Palomo, Josefa Alcalá, Francisca Santiago y Carlota Gallo.
· Pollos: Juan Mérida, Juan de Dios Coca, Juan Serrano y Francisco Valenzuela.
· Mozos: Lara, Cantero, Navarro y Santiago.
· Decorados: Cantero y Latorre.
· Sastrería: Alcalá.
· Modista: Juana.
· Apunte y dirección: Elisa Alcalá.
· Maestro concertador: Juan A. Chica.
Se cobraron unos precios asequibles a todo el pueblo con el fin de recaudar fondos para destinarlos a los más necesitados. Al final de la fiesta actuó la Orquesta Plata.
La segunda de las obras de teatro, "El Centenario", celebró tres funciones en el mismo lugar que la anterior. En esta ocasión el reparto fue el siguiente:
· Currita: Eugenia Gómez.
· Dª Marciala: Rosalía Mérida.
· Dª Filomena: Hortensia Espín.
· Eulalia: Margarita Velasco.
· Carmen Campos: María Garrote.
· Rosa: Anita Velasco.
· Papá Juan: Chica.
· Trino: Rueda.
· Don Evaristo: García.
· Antoñón: Barberán.
· Manuel: Mérida.
En esta función actuó como fin de fiesta el coro "Los Vareadores" del sainete lírico "Luisa Fernanda" y la orquesta Plata.
Otro uso fue como centro de curación de aceitunas, las especialidades eran las típicas de Lopera: en sosa, "machacás" y "rajás" con aliño de ajos, tomillo, hinojo y cáscara de naranja. Se inició hacia 1950 y duró hasta los años 1980-81. En el patio trasero del castillo se seleccionaban las aceitunas y se curaban en botas de roble. Entre 1950 y 1958 se llevaban a Madrid y Barcelona. La torre de San Miguel también se utilizó durante un tiempo como camada de zorros y la torre de Santa María además de capilla como residencia de la familia Sotomayor.
Durante la guerra Civil Española el castillo fortaleza de Lopera fue utilizado primero por las milicias rojas, hasta que tras fuertes enfrentamientos fueron expulsadas del pueblo. Las tropas nacionales ocuparon el recinto y utilizaron la torre de Santa María como observatorio de aviones. Finalmente, quedó instalada de forma permanente la Sección Colombófila de Córdoba, utilizando, cómo no, el palomar medieval de torre de San Miguel. En este periodo sufrieron voladuras algunos de los matacanes de la torre de Santa María y de San Miguel y los torreones circulares que dan a la plaza, siendo restaurados de forma tosca con ladrillo por parte de Regiones Devastadas. A modo anecdótico citamos el uso del castillo en este periodo como eventual coso taurino. Fue en 1937 cuando se improvisó una capea en el patio principal del mismo. La vaquilla enfurecida subió la rampa ya desaparecida, que daba acceso al muro almenado situado en la parte derecha de la entrada por el paseo de Colón, y embistió a varios mozos, uno de los cuales, Santiago Canales "el tiznao" (herrero de profesión) tuvo la ocurrencia de saltar al vacío fuera del castillo. La suerte hizo que cayera sobre diverso material apilado junto al muro y que sólo sufriera roces y magulladuras.
Hacia 1945 Alfonso Sotomayor funda con sede en el castillo la bodega que llevaba su mismo nombre. Este hecho dejará una marca imborrable en la vida del monumento, porque no sólo fue acondicionado como residencia temporal en tiempo de vendimia, sino que dado el éxito que tuvieron sus caldos, se fueron modernizando sus instalaciones e introduciendo cambios casi irreversibles en el castillo. Destaca el ensanche de la puerta de entrada, la creación de una gran torva de recogida de la uva, los sistemas de prensado cilíndricos, los conos subterráneos, etc. Por otro lado, se construyó una impresionante nave que ocupó toda parte delantera de las torres centrales, según se entra por la puerta principal. Allí se almacenaron miles de botas de roble en las que pudiera criarse y envejecer el vino llamado de "palo cortao" o Pedro Ximénez, que tomó como nombre popular "fino raya". Por otro lado, para cobijar la maquinaria se construyeron alrededor de todo el perímetro unas modernas techumbres a base de hierro y Uralita.
En los inicios de la década de los 80 se aprecia una importante dejadez del castillo y del viñedo, lo que unido a la venta sucesiva del patrimonio agrícola de los Sotomayor, tuvo como consecuencia el cierre de la bodega, lo que contribuyó de forma decisiva a acelerar el deterioro del castillo debido a una enfermedad ya vieja en él: la dejadez. En 1995 se inicia el desmantelamiento definitivo de todo lo que tuviese algún valor en el mismo. Adiós soleras de Monteviejo, Valcargado y Pelegrín, que sirvieron para animar tantas y tantas veladas y Ferias de los Cristos.
Por último un recuerdo nostálgico al lagar (no debemos de olvidar que gracias a él y su actividad, han influido de una manera determinante para que el castillo se mantuviese en buen estado de conservación) a las botas y bocoyes de roble americano, a los conos de hormigón que desaparecieron de una manera fulminante con el cierre de las bodegas en el año 1987.
El futuro del castillo
El castillo de Lopera fue declarado en 1993 como BIC (Bien de Interés Cultural) y ha sido propiedad privada hasta hace unos años. El 28 de febrero de 2000 se constituía en Lopera una Plataforma para la defensa del castillo presidida por el alcalde de Lopera, Pedro Valenzuela Ruiz y compuesta por 15 miembros con el único fin de conseguir la titularidad pública del monumento. Tras varios años de trabajo y reuniones con sus dueños, la familia Sotomayor fijo su venta en 50 millones de las antiguas pesetas incluyendo en el precio la Casa de la Tercia (edificio de almacenaje de grano en la edad moderna) y finalmente el 27 de diciembre de 2002 fue adquirido por el ayuntamiento de Lopera. Par su adquisición contó con la ayuda de los socios de la Cooperativa Oleícola "La Loperana" que desinteresadamente cedieron una peseta por cada kilo de aceituna que se cosechó en el año de la adquisición y una subvención de la obra social de la Caja de Granada. Dentro de los posibles futuros usos del castillo el profesor de la Universidad de Jaén, el loperano Antonio Pantoja hizo un Plan de viabilidad que contemplaba la creación de varios museos (arqueológico, vendimia, aceite, costumbres populares etc.) sede de una Escuela taller municipal, sala de exposiciones, auditorio al aire libre etc. En la actualidad el castillo ya se puede visitar todos los domingos por las mañanas y en cualquier día pidiendo cita anticipada en el ayuntamiento. Un último impulso ha recibido el castillo con su incorporación a la Ruta de los Castillos y las Batallas.
Ahora en pleno siglo XXI, siguen habitando en sus muros cientos de palomas y enredaderas de hiedra que escalando por sus murallas están deteriorando a pasos agigantados la fortaleza. Hace unos meses se constituía un equipo multidisciplinar compuesto por arqueólogos, historiadores y arquitectos que han realizado un estudio histórico sobre la fortaleza y han apuntado cuales serían a su juicio las actuaciones más urgentes para recuperar y poner en valor el edificio. Ojala y no se quede todo en aguas de borrajas y lleguen pronto las subvenciones de los distintos organismos (Diputación, Junta y Estado) para que el castillo pueda ser restaurado como se merece y para que pueda ser visitado y disfrutado por todos los loperanos, jienenses, andaluces, españoles y ciudadanos de la humanidad, ya que han sido demasiados los años que ha estado cerrado a cal y canto.
Introducción
Rodeada de una alfombra de olivos y enclavada en la parte más noroccidental de la provincia de Jaén, nos encontramos con la villa señorial de Lopera. Un pueblo acogedor de gente sencilla, con unas 4000 almas, que ha sabido guardar celosamente un rico y vasto patrimonio histórico artístico, un legado de sus antepasados que durante siglos estuvieron asentados en estas feroces tierras de la campiña de Andújar, regadas por el Guadalquivir y su afluente el arroyo Salado de Porcuna.
Lopera cuenta con un potencial turístico impresionante sin explotar, además de los monumentales edificios de rancio abolengo que se desparraman por el casco antiguo, también cuenta en el extrarradio de su término municipal con otros edificios que sin duda vale la pena visitar, como por ejemplo son las Casas Cuevas construidas en 1828 en el acceso a Lopera por la carretera de Porcuna, sus cortijos (sobresale el Morrón o San Eloy) y casas de campo y un importante legado de construcciones procedentes de la Guerra Civil Española (Batalla de Lopera librada del 26 al 29 de diciembre de 1936), representados por bunker, nidos de ametralladoras, polvorines, trincheras, observatorios etc. Pero volviendo al casco antiguo y más concretamente en torno a la Plaza Mayor de la villa nos encontramos con una trilogía de edificios que dan a Lopera un carácter genuino. El poder civil representado por el ayuntamiento, un edificio con portada de orden toscano fechado en 1605. El religioso por la iglesia Parroquial de la Inmaculada Concepción (patrona de Lopera desde al año 1623) fechada en el primer cuarto del siglo XVI, la cual alberga en su interior un extraordinario sepulcro renacentista dedicado a Dª Marina Fernández de Torres y su Museo Parroquial y el poder militar representado por el máximo exponente del patrimonio histórico de Lopera: el Castillo Calatravo del siglo XIII.
Además de este rico patrimonio Lopera también atesora un grupo de ermitas de estilo barroco, destacando la de San Roque (patrón de Lopera desde el año 1644), Cristo del Humilladero, Jesús, la Magdalena (hoy destruida) y la moderna de San Isidro. Tampoco hay que olvidar la docena de casas nobiliarias con sus heráldicas y los artistas que ha dado la tierra como el genuino "pintor de Lopera" Paco Cantero, el escultor Pedro Monje, Miguel Acevedo, las jóvenes y ya consolidadas promesas del arte como el pintor Julián Gallego y el polifacético Juan Manuel Pérez, sin olvidarnos del Museo de Arte Naïf de la octogenaria Ángela Uceda, el de miniaturas en madera de Diego Pérez y sobre todo del mejor músico y compositor que ha dado este pueblo, el maestro Pedro Morales Muñoz. Todo ello bien condimentado con un buen cachurro ( pan, aceite virgen extra de oliva, bacalao, rabanillas, aceitunas etc.) un vaso de vino de la tierra de las bodegas Herruzo producirán en el visitante un ambiente agradable y entrañable, que sin duda le inducirán a volver por estas tierras.
La Fortaleza Calatrava de Lopera
El castillo de Lopera es sin duda una de las joyas del medieveo jiennense, por otra parte muy poco conocida, ya que siempre que se ha realizado algún estudio sobre plazas fortificadas de la provincia ha quedado marginada, sin duda, por haber estado siempre en manos privadas y por el hermetismo de sus dueños que nunca han dado facilidades para acceder a su interior a los numerosos investigadores que han intentado realizar algún estudio de su conjunto. Nuestro insigne paisano arjonero, Juan Eslava Galán nos aporta en un estudio sobre el castillo de Lopera, que bien podría tratarse del castillo musulmán de Bayyara, sin embargo los restos actuales no revelan origen musulmán. El Castillo de Lopera fue tomado en 1240 por Fernando III "el Santo", en la lucha que enfrentó a musulmanes y cristianos, el castillo perdió parte de sus defensas, ante lo cual el rey cristiano hizo restaurar y reconstruir las mimas, reconociendo su indudable valor estratégico. Poco después de su toma paso a manos de la Orden Militar de Calatrava. Las luchas entre nobles del siglo XV, también tuvieron su episodio en el Castillo de Lopera. Así en 1466, las tropas del Consejo de Realengo de Andújar, partidarias de la coalición formada por el Rey Enrique IV, el Condestable de Castilla, D. Miguel Lucas de Iranzo y D. Beltrán de la Cueva, dirigidas por su alcalde, D. Pedro de Escavias atacan y saquean el castillo de Lopera con 300 peones y 60 rocines. Lopera era aliada de D. Pedro Pacheco, Marqués de Villena y D. Pedro Girón, Maestre de Calatrava (del mismo se conserva en el Archivo Municipal de Lopera un documento fechado en 1469). En el asalto causaron daños en el adarve y se llevaron muchas joyas y ganados.
Descripción del Castillo
La fortaleza loperana ocupa 3.543 metros cuadrados en pleno centro de la localidad. El núcleo principal del castillo consta de dos compactas torres unidas por gruesos muros, los cuales tendrían función de segundas defensas para casos de asalto, dichas torres se llaman Santa María (mandada construir por el comendador de Lopera y Castilsera, Juan Pacheco y Torres en 1535 y que actualmente alberga el Museo de la guerra Civil) y San Miguel (guarda parte de un palomar medieval). Rodeando ambas torres, con una separación considerable de ellas nos encontramos con la muralla, toda almenada, que a su vez es perímetro del conjunto y su base forma un pentágono irregular con cinco torreones más pequeños que las torres centrales, siendo de formas cilíndricas tres de ellas, pertenecientes a la fachada principal y cuadradas las dos posteriores. La entrada al adarve se hace por arco de medio punto con dovelas y jambas que son fustes de columnas de origen romano. Todo el castillo está construido de mampostería y con mortero de cal.
Los usos de la fortaleza en el siglo XX.
En 1854 el castillo es adquirido por Alonso Valenzuela Bueno tras la desamortización de Pascual Madoz, quien lo dejó en testamento a sus hijos Bartolomé y Pilar Valenzuela Rueda el 19 de agosto de 1886. Tras la muerte de ésta, es Bartolomé Valenzuela quien lo gestiona directamente, hasta que hacia 1942 pasa a manos de su sobrino Alfonso Sotomayor Valenzuela, a pesar de que aquel no muere hasta 1949. En 1987 es heredado por los descendientes de Alfonso Sotomayor.
A lo largo del siglo XX el castillo ha tenido varias utilidades, y más concretamente el Patio de Armas, el cual ha sufrido numerosas modificaciones a lo largo de su historia. Además de caballerizas y custodia de los aperos de labranza, hay que destacar que en los años 20 se utilizó como secadero de tabaco, que se cultivaba en la Vega del Salado, en sus variedades de carasqueño y habanos. El primer cine sonoro de Lopera, el Cine Olimpia, funcionó en el Patio de Armas del Castillo, aunque lamentablemente tuvo una corta duración en el tiempo. Fue en el verano de 1932 cuando José Martínez Alcalá quien inició las primeras proyecciones de cine, que alternó con espectáculos de flamenco y con algunas representaciones teatrales. Posteriormente, en 1935 se estableció en el mismo lugar anterior el Cine Malori, que llegó a Lopera de la mano de Manuel López Rincón. También fue un cine sonoro y estuvo en funcionamiento todos los veranos hasta la llegada de la guerra civil. De igual forma, durante los veranos de 1942 y 1946 se proyecta cine en el patio del castillo. En esta ocasión se denomina Salón Recreo y es propiedad de Juan Antonio Rueda. Bajo la dirección de la polifacética Elisa Alcalá Marín en el año 1946 es para nuestro castillo su estreno como foro teatral. El Patio de armas es el lugar elegido para tal evento por el Grupo Artístico de Lopera. Aquí se representan dos obras teatrales: el 1, 4 y 22 de agosto y el 1 de septiembre la comedia lírica "Luisa Fernanda", obra de F. Romero y Fernández Shaw con música de Moreno Torroba; el 8 de septiembre la comedia en tres actos de los hermanos Álvarez Quintero "El Centenario". El grupo teatral lo componían un conjunto de loperanos autodidactas que por aquellos tiempos se había dado al cultivo del arte escénico.
La obra "Luisa Fernanda" contó con el siguiente reparto:
· Luisa Fernanda: Teresita Rueda.
· Carolina: Luisa Muñoz.
· Mariana y Rosita: Anita Velasco.
· La Chunera: Margarita Velasco.
· Una criada: Carmen Cantero.
· Una vecina: Anita Bellido.
· Vidal Hernando: Juanito Rueda.
· Javier Moreno: Carlos Barberán.
· Aníbal: Antonio Melero.
· Don Florido: José García.
· Nogales: Eufrasio Barberán.
· Bizco Porras: Francisco Gómez de Ramón.
· Jeromo: Mérida.
· El Saboyano: Gómez.
· Don Lucas: Francisco Lara.
· Damiselas: Concepción Palomo, Josefa Alcalá, Francisca Santiago y Carlota Gallo.
· Pollos: Juan Mérida, Juan de Dios Coca, Juan Serrano y Francisco Valenzuela.
· Mozos: Lara, Cantero, Navarro y Santiago.
· Decorados: Cantero y Latorre.
· Sastrería: Alcalá.
· Modista: Juana.
· Apunte y dirección: Elisa Alcalá.
· Maestro concertador: Juan A. Chica.
Se cobraron unos precios asequibles a todo el pueblo con el fin de recaudar fondos para destinarlos a los más necesitados. Al final de la fiesta actuó la Orquesta Plata.
La segunda de las obras de teatro, "El Centenario", celebró tres funciones en el mismo lugar que la anterior. En esta ocasión el reparto fue el siguiente:
· Currita: Eugenia Gómez.
· Dª Marciala: Rosalía Mérida.
· Dª Filomena: Hortensia Espín.
· Eulalia: Margarita Velasco.
· Carmen Campos: María Garrote.
· Rosa: Anita Velasco.
· Papá Juan: Chica.
· Trino: Rueda.
· Don Evaristo: García.
· Antoñón: Barberán.
· Manuel: Mérida.
En esta función actuó como fin de fiesta el coro "Los Vareadores" del sainete lírico "Luisa Fernanda" y la orquesta Plata.
Otro uso fue como centro de curación de aceitunas, las especialidades eran las típicas de Lopera: en sosa, "machacás" y "rajás" con aliño de ajos, tomillo, hinojo y cáscara de naranja. Se inició hacia 1950 y duró hasta los años 1980-81. En el patio trasero del castillo se seleccionaban las aceitunas y se curaban en botas de roble. Entre 1950 y 1958 se llevaban a Madrid y Barcelona. La torre de San Miguel también se utilizó durante un tiempo como camada de zorros y la torre de Santa María además de capilla como residencia de la familia Sotomayor.
Durante la guerra Civil Española el castillo fortaleza de Lopera fue utilizado primero por las milicias rojas, hasta que tras fuertes enfrentamientos fueron expulsadas del pueblo. Las tropas nacionales ocuparon el recinto y utilizaron la torre de Santa María como observatorio de aviones. Finalmente, quedó instalada de forma permanente la Sección Colombófila de Córdoba, utilizando, cómo no, el palomar medieval de torre de San Miguel. En este periodo sufrieron voladuras algunos de los matacanes de la torre de Santa María y de San Miguel y los torreones circulares que dan a la plaza, siendo restaurados de forma tosca con ladrillo por parte de Regiones Devastadas. A modo anecdótico citamos el uso del castillo en este periodo como eventual coso taurino. Fue en 1937 cuando se improvisó una capea en el patio principal del mismo. La vaquilla enfurecida subió la rampa ya desaparecida, que daba acceso al muro almenado situado en la parte derecha de la entrada por el paseo de Colón, y embistió a varios mozos, uno de los cuales, Santiago Canales "el tiznao" (herrero de profesión) tuvo la ocurrencia de saltar al vacío fuera del castillo. La suerte hizo que cayera sobre diverso material apilado junto al muro y que sólo sufriera roces y magulladuras.
Hacia 1945 Alfonso Sotomayor funda con sede en el castillo la bodega que llevaba su mismo nombre. Este hecho dejará una marca imborrable en la vida del monumento, porque no sólo fue acondicionado como residencia temporal en tiempo de vendimia, sino que dado el éxito que tuvieron sus caldos, se fueron modernizando sus instalaciones e introduciendo cambios casi irreversibles en el castillo. Destaca el ensanche de la puerta de entrada, la creación de una gran torva de recogida de la uva, los sistemas de prensado cilíndricos, los conos subterráneos, etc. Por otro lado, se construyó una impresionante nave que ocupó toda parte delantera de las torres centrales, según se entra por la puerta principal. Allí se almacenaron miles de botas de roble en las que pudiera criarse y envejecer el vino llamado de "palo cortao" o Pedro Ximénez, que tomó como nombre popular "fino raya". Por otro lado, para cobijar la maquinaria se construyeron alrededor de todo el perímetro unas modernas techumbres a base de hierro y Uralita.
En los inicios de la década de los 80 se aprecia una importante dejadez del castillo y del viñedo, lo que unido a la venta sucesiva del patrimonio agrícola de los Sotomayor, tuvo como consecuencia el cierre de la bodega, lo que contribuyó de forma decisiva a acelerar el deterioro del castillo debido a una enfermedad ya vieja en él: la dejadez. En 1995 se inicia el desmantelamiento definitivo de todo lo que tuviese algún valor en el mismo. Adiós soleras de Monteviejo, Valcargado y Pelegrín, que sirvieron para animar tantas y tantas veladas y Ferias de los Cristos.
Por último un recuerdo nostálgico al lagar (no debemos de olvidar que gracias a él y su actividad, han influido de una manera determinante para que el castillo se mantuviese en buen estado de conservación) a las botas y bocoyes de roble americano, a los conos de hormigón que desaparecieron de una manera fulminante con el cierre de las bodegas en el año 1987.
El futuro del castillo
El castillo de Lopera fue declarado en 1993 como BIC (Bien de Interés Cultural) y ha sido propiedad privada hasta hace unos años. El 28 de febrero de 2000 se constituía en Lopera una Plataforma para la defensa del castillo presidida por el alcalde de Lopera, Pedro Valenzuela Ruiz y compuesta por 15 miembros con el único fin de conseguir la titularidad pública del monumento. Tras varios años de trabajo y reuniones con sus dueños, la familia Sotomayor fijo su venta en 50 millones de las antiguas pesetas incluyendo en el precio la Casa de la Tercia (edificio de almacenaje de grano en la edad moderna) y finalmente el 27 de diciembre de 2002 fue adquirido por el ayuntamiento de Lopera. Par su adquisición contó con la ayuda de los socios de la Cooperativa Oleícola "La Loperana" que desinteresadamente cedieron una peseta por cada kilo de aceituna que se cosechó en el año de la adquisición y una subvención de la obra social de la Caja de Granada. Dentro de los posibles futuros usos del castillo el profesor de la Universidad de Jaén, el loperano Antonio Pantoja hizo un Plan de viabilidad que contemplaba la creación de varios museos (arqueológico, vendimia, aceite, costumbres populares etc.) sede de una Escuela taller municipal, sala de exposiciones, auditorio al aire libre etc. En la actualidad el castillo ya se puede visitar todos los domingos por las mañanas y en cualquier día pidiendo cita anticipada en el ayuntamiento. Un último impulso ha recibido el castillo con su incorporación a la Ruta de los Castillos y las Batallas.
Ahora en pleno siglo XXI, siguen habitando en sus muros cientos de palomas y enredaderas de hiedra que escalando por sus murallas están deteriorando a pasos agigantados la fortaleza. Hace unos meses se constituía un equipo multidisciplinar compuesto por arqueólogos, historiadores y arquitectos que han realizado un estudio histórico sobre la fortaleza y han apuntado cuales serían a su juicio las actuaciones más urgentes para recuperar y poner en valor el edificio. Ojala y no se quede todo en aguas de borrajas y lleguen pronto las subvenciones de los distintos organismos (Diputación, Junta y Estado) para que el castillo pueda ser restaurado como se merece y para que pueda ser visitado y disfrutado por todos los loperanos, jienenses, andaluces, españoles y ciudadanos de la humanidad, ya que han sido demasiados los años que ha estado cerrado a cal y canto.
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